El Chambilero

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Fotografía. Carro de los helados JAC Internet

Recuerdo cuando las chicharras cantaban sin cesar en los días largos del verano, hasta dar el relevo a los grillos cuando llegaba la noche. Esas tardes calurosas crepitantes de sol que invitaban al recogimiento en el frescor de las casas, era entonces cuando para aliviar la chicharrera en las primeras horas de la siesta, el chambilero voceaba o tocaba un pequeño cuerno metálico y dorado para anunciar su presencia y ofrecer su rico helado. ¡Al rico helado! ¡Al rico polo de limón, de fresa oiga, de chocolate, de arroz con leche, a peseta! ¡Café helado que quita el sueño y el hipo, oiga “pa” la modorra!, ¡Chambi helaooo, turrones y mantecaooo! Empujaban un carrito de alegre colorido de dos redas y cubierto de una especie de toldillo, en el carrito llevaban tres o cuatro garrapiñeras llenas de helado. En una de ellas iba el mantecado, el turrón y el chocolate, en otra el limón, en la tercera; el café, en la cuarta los polos de varios surtidos. El chambilero cuando alguien se acercaba para darse un refrigerio destapaba la garrapiñera de limón, agarraba la cetra de aluminio y dejaba caer el limón granizado desde bien alto.

La preparación de sus mezclas eran hechas en sus casas, exprimían sus buenas arrobas de limón para helado y endulzaban la cebá tostada para el café granizado para mezclarlo con el hielo de las barras que les proporcionaba el repartidor de hielo, después lo introducían en las “garrapiñeras” tras haber pasado el tiempo necesario para que cuajara o granizara el helado y aguantara todo el día y con ayuda de sal gorda que añadían para que el líquido cuajara bien. Antes el helado era fruta de temporada (no como ahora) , tenían sus fechas así que los helados desaparecían con los primeros fríos. El chambilero no tenía más cámara ni refrigerador que su frágil garrapiñera. Tomar alimentos y bebidas heladas es una costumbre muy antigua, ya se tomaban bebidas heladas o enfriadas con nieve en las Cortes Babilónicas. Antes de la era cristiana, el emperador Nerón enfriaba sus jugos de fruta y sus vinos con nieve o hielo traído de las montañas por sus esclavos. En la Edad Media, en las Cortes Árabes se preparaban productos azucarados con frutas o zumos de estas enfriadas con nieve (sorbetes). Marco Polo en el siglo trece al regresar de sus viajes de oriente trajo varias recetas de postre helados usadas en China. Y tras este recorrido por el tiempo, nos queda solo el grato recuerdo en su rincón de la memoria, de este arte y oficio de los chambileros, hoy ya desaparecido. Recuerdo quizás el último, en el jardín de Floridablanca cerca de la parada de autobuses.

Tampoco olvidamos el quiosco de la “Tía Chica” situado en la antigua Replaceta de El Palmar, que también deleitaba a la chiquillería con su horchata de almendra, limón granizado, polos de arroz con leche o la muy conocida mona con helado de mantecado.

Gracias a todos ellos.

ENCARNACIÓN PASTOR MATAS

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