Tertulia con Carmen Luján Campillo

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Tertulia con Carmen Luján Campillo

 Esta tarde tenemos en la Tertulia con uno de los nuestros de La Asomada a Carmen Luján Campillo, conocida popularmente como “Carmen la del Puente” o “Carmen la Sacristana”, y hace su presentación Fina Murcia que la definió como una mujer del pueblo que tiene mucha más cultura popular de lo que ella misma puede suponer.

Mi abuelo paterno era Bartolo Luján Espinosa y mi abuela paterna era Carmen García Sánchez y tenía un ventorrillo en el puente donde se dedicaba a vender vino con torraos. Tuvieron siete hijos: Esperanza, José, Antonio, Juan, Perico, Teodoro y María.

Antonio era albañil en Madrid, Juan, mi Padre, era agricultor y después trabajó en Bernal Pareja, mi tío Teodoro era transportista, tenía camiones, mi tío Perico murió joven, y mi tío Pepe era cura.

Mi tío José quería ser cura desde pequeño y cuando se lo dijo a su madrina, que era la tía Rosario de Pepe el del coche, está lo llevó a ver a Don Pedro Castaño, el cura, que le dijo que si quería ser monaguillo tenía que asearse y vestirse mejor. Estuvo en el Seminario y fue el único que terminó y cantó misa en Roma. Como anécdota tengo que contar que la Madre de mi tío murió a los 33 años y la enterraron en el cementerio viejo de San Roque de El Palmar y cuando se produjo el traslado de los restos al Cementerio Nuevo, mi tío se enteró de donde estaba su Madre y cogió la calavera y se la llevó, la restauró, la guardó y la tenía en su mesa de despacho en Lérida y dijo que esa le acompañaría a su tumba.

Estuvo destinado en la parroquia de el Palmar en 1939 y estuvo un tiempo, y celebró muchos bautizos y bodas atrasados, pero aunque aquí la gente pobre le quería otros no le toleraban por su actuación  de defensa de los pobres y tuvo que marcharse. Le quisieron nombrar de Pamplona y dijo que no, y entonces lo nombraron Canónigo en Lérida y allí permaneció hasta su muerte. Era muy generoso, no tenía casa ni nada porque todo lo que tenía se lo daba a los necesitados y trabajo en Radio Lérida y organizaba rifas para recaudar fondos. Como anécdota, un día llegó a su casa con la sotana pero sin los pantalones y cuando le preguntó su tía que como era eso, le dijo que había un hombre que no tenía pantalones y él ya tenía la sotana.

Mi tío en Lérida montó unos centros de recogida de ropa y alimentos para la gente humilde, que le hicieron ser muy querido.

Por eso, cuando murió, se celebró un funeral multitudinario en la Catedral que salió en toda la prensa de Lérida y al que asistieron todas las autoridades provinciales, pero también una multitud de gente porque se entregó a los necesitados. También ayudó a mucha gente de el Palmar y de Sangonera, que estaban trabajando por allí y que no tenían fondos para regresar cuando se terminaba su trabajo y les facilitaba los billetes de transporte.

Mi abuelo materno era José Campillo González y mi abuela materna Dolores Zamora Toledo, ellos tuvieron también muchos hijos: Josefa, Salvador, Paco, Antonio y Ana María.

Mi abuelo era agricultor y mi Madre y mi tía trabajaron en el taller de garrafas de Destilerías y yo, con 11 años, empecé a trabajar en Conservas y algunas veces cuando no trabajaba en Conservas me iba a coger pimientos, algodón, etc.  con mi tía a la finca de la Pinada, que era una finca preciosa donde vivía Mariano Ortuño, la tía Jacinta y sus hermanas Encarna y Mari y en el verano venía la Sra. de la Pinada y se ocupaba a los chiquillos de las cuevas, para prepararlos y vestirlos para hacer la comunión.

Yo he trabajado mucho en la huerta haciendo de todo: cavando,  sembrando, recogiendo patatas, etc.  he hecho de todo.

En cuanto al Teatro Bernal he estado muchas veces en el Teatro, pero muchas de ellas de incógnito porque entraba debajo del mantón de mi abuela y otras veces, le decía al tío Antonio el Lobino que estaba de portero, que iba a buscar a mi Madre y ya no salía.

Recuerdo una función de reyes en el Teatro Bernal en la que el Antonio el Moreno salió de rey Herodes. Y otra en que salió la Loli de Almarcha.

También recuerdo que existían en aquella época comercios como el de el Malta, Juan el Caterro, el tío Paquele y la lechería de Jesules y al otro lado de la calle, estaba la casa de Don Manuel Bernal, con los que apenas me relacionaba, y en la que trabajaba Teresa la Bolera.

Estudié de párvulos y unos años más en el Asilo conviviendo con los viejos y con Doña Pilar y Pepita Gil de maestras.

La Fiesta Eucarística de 1947 recuerdo que coincidió con mi comunión y hubo una concentración de vírgenes con los sacerdotes de la Alberca y de otras localidades en la Balsa, donde se hizo una misa al aire libre.

De personajes del pueblo recuerdo básicamente a Don Mariano Espinosa el médico y, sobre todo, a Paco Rojo, el Practicante, que era muy próximo y al que acudíamos cuando teníamos necesidad porque en la fábrica, prácticamente no teníamos médico.

Durante los años de trabajo en Conservas yo no estaba de alta en la Seguridad Social, porque solamente tenían una nómina abierta de 15 o 20

personas para las más de mil personas que trabajaban allí en temporadas y cuando me corte un dedo me llevaron en coche a Murcia para darme entrada en el seguro, en Asepeyo y el que me lo curó, muy bien, fue Paco Rojo.

En la Fábrica de Conservas decían que era una jabata trabajando y por eso era de las elegidas siempre, para hacer nuevas tareas. Allí estuve hasta   agosto de 1972.

Me case con 24 años en 1972 y a partir de ahí trabaje limpiando bancos en Murcia y mi marido terminó trabajando de encargado en Ferrovial hasta que murió con 78 años. Tuvimos un hijo y una hija.

A partir de la muerte de mi marido yo decidí apoyarme en la parroquia, donde entré con D. Antonio Guardiola hace casi ocho años y sigo allí, colaborando como sacristana.

En la historia de los sacristanes del El Palmar el primero fue Alfocea y la primera fue la Chata, y su hijo Pepe Matás, también la tía Teresa con D. Miguel Hellín y vendía las sillas a perro gordo, después estuvo la Peligros, la Manolica la Tobila y luego Adolfo Sánchez Iniesta y ahora estamos nosotras:  “Chiquitina” la hija de Marcos y yo.

Es de valorar el trabajo generoso e impagable de las Sacristanas que, tanto en verano como en invierno, mantienen su cotidiana actividad para realizar de la mejor manera las actuaciones de la parroquia de dar la bienvenida y decir el último adiós a todos los palmareños.

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