Tertulia con María Josefa Sánchez Navarro

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Tertulia con María Josefa Sánchez Navarro

 

Hoy está con nosotros en la Tertulia con uno de nuestros mayores de La Asomada María Josefa Sánchez Navarro, conocida popularmente en el Palmar como la “Fefa”, que a continuación, presentada por Fina Murcia, nos va contar su vida.

Mi abuelo paterno se llamaba Nicolás Sánchez, era de El Algar y trabajaba de minero en La Unión y mi abuela se llamaba María Josefa Pérez, como yo, y era la cocinera de Tomás Maestre. Tuvieron seis hijos Lorenzo, Nicolás, Horacio, María, Juan y Pencho.

Mi abuelo materno se llamaba Francisco Navarro y mi abuela Juana Romero y se dedicaban a la venta ambulante de ropa, iban con el carro vendiéndola por los mercados y por las casas y después esa actividad la siguió mi tío Paco el Ropero y mi tía Pilar la Ropera.

Tuve otros tíos: Antonio, Teresa, Serafín que se fue a Zaragoza y David que se fue a Madrid.

Mi tío Francisco Navarro “Paco el Ropero” tenía un aljibe en su casa de la calle Navarra y se dedicaba a vender el agua durante el verano.

Mis tíos daban facilidades a la gente para pagar a plazos y con eso facilitaban que se pudieran vestir y hacer los ajuares.

Mi madre, Isabel Navarro Navarro, tuvo tres hijas, y yo a mis 78 años he tenido 5 hijos y 4 nietos.

Mi Padre, Juan Sánchez Pérez cuando vino a el Palmar, empezó trabajar de chófer con Don Teodoro y después en la fábrica de tubos de D. Angel Blanc y por eso le pusieron de apodo “Juanito el Porlan” porque el cemento que se utilizaba allí era el cemento Porland, allí se hacían también losas muy buenas.

El Tío Borrego, que era uno de los que estaba en el Asilo, era el padrino de mi Padre.

Mi Madre aprendió a coser porque vivía cerca de Antonio el Rauto el sastre, que era pariente nuestro, y aprendió con él.

 

Cuando iba al colegio, no me gustaba nada la lectura porque no estaba motivada pero me encantaba el dibujo, por eso cuando venía la Inspectora y la maestra preguntaba que quién quería pintar los mapas de España, yo me ofrecía enseguida.

Mi Madre me quitó a los 11 años de la escuela y no me pesó en absoluto. Entonces yo me dediqué a bordar que era un oficio lucrativo ya que por entonces habían 10 o 12 bordadoras en el Palmar y se necesitaban para   hacer todos los ajuares de las mozas del pueblo.

Siempre me ha gustado la pintura y mi Padre de hecho quería que fuese a la una galería a Murcia para aprender, pero mi Madre se opuso. Actualmente tengo una gran cantidad de pinturas en mi casa. La afición a la pintura me vino cuando vi que mi cuñada Conchita pintaba y pensé que no pintaba mejor que yo. Con lo cual me animé a ir al Centro de la Mujer para aprender las técnicas de pintura.

Mi suegro, Antonio Gómez, era una persona muy graciosa, muy buena y era panadero en el horno de la tía Encarnación. Y mi suegra María era una de las mejores castradoras de pollos, para hacer capones, que había en el Palmar y yo me he comido muchos de los huevos y las crestas que les quitaba a los pollos.

Cuando era joven participé en una función de zarzuela en el Teatro Bernal con otras jóvenes de mi pandilla como Josefina Iniesta, Pepita Gil, Encarna Noguera,….. y mi esposo Pepe tocaba la guitarra y recuerdo también que mi cuñado Antonio salió una vez de Rey Herodes.

Mi marido tenía cinco Hermanos: Antonia, Antonio, la Quica, Paco y Juan.

Yo a él le ayudaba limpiando los zapatos que reparaba y a veces nos estábamos trabajando para poder terminar la faena hasta las 6 de la mañana. Especialmente para forrar con raso zapatos para bodas y otras ceremonias.

En la escuela aprendí a leer y a escribir, pero con alguna falta de ortografía y mis hijos se reían y yo les decía: si tengo faltas, pero de la comida no os quejáis.

Mi marido enfermó y sufrió hasta 4 operaciones de riñón y falleció hace seis años. Cuando murió sus Hermanos cerraron la calle Fortunato Arias y le hicieron un alboroque tocando las guitarras y cantando porque él deseaba que así se hiciera.

Era muy aficionado a dar serenatas porque la música le encantaba y además era el mejor bailarín y ganaba todos los concursos de baile de El Palmar.

En la misa del gallo también actuaba y en los Carnavales le encantaba disfrazarse con su peña y a veces se vestía de mujer, porque tenía un tipo y unas piernas de campeonato.

Yo empecé a pintar, pero no hacía muchas exposiciones, y José María el de los Cuadros, al que le llevaba alguno a ponerle marco, me decía que porque no dejaba algunos allí y al poco me llamaba porque querían comprármelos. El precio lo poníamos entre él y yo.

No me gusta copiar, pero una vez hice una versión de siete caras, sobre las fotos que salieron en una revista, en un reportaje que se titulaba las niñas de mis ojos, porque me encantó.

Me comprometo a donarle al futuro Museo de El Palmar algún cuadro mío.

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