El Palmar en el siglo XIX

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Conferencia pronunciada por Félix Martínez en el Teatro Bernal durante la celebración del I Encuentro de Autores Palmareños el día 10 de octubre de 2016.

Preámbulo

Como es lógico en estos pocos minutos no me va a dar tiempo de hablar de todo el siglo XIX pero sí daré datos de interés, tal vez desconocidos para nuestros vecinos.
Ya se han tratado durante el último año temas de la historia de este pueblo y en sus siglos pretéritos. Hace un año un ciclo de conferencias, al cumplirse los 400 años de la fundación de este lugar como villa de señorío por Don Juan Verastegui. Después se trató del siglo XVIII en la conferencia dada por Manuel Muñoz Zielinski durante la presentación de su último libro ‘Historias de los Lugares’. Ahora voy a proseguir por orden cronológico, centrándome en el importante siglo XIX.

Hasta ahora, anteriores autores palmareños han tratado en diversos artículos los temas de este pueblo: Jesús Gil, Mariano Estrada Lorca, Fernando Oliva y Francisco Jiménez, éste último, recopilándolos y plasmándolos en el libro ‘Historia de la Villa de El Palmar’.

Ya se refirió Don Manuel Pérez Villamil a El Palmar en un amplio artículo publicado en el año 1900 en la revista ‘Lectura Dominical’, centrándose en el Rosario de la Aurora. Pero un fue hasta 1916, ahora hace 100 años, cuando se publicó un detallado estudio sobre El Palmar y su historia. Fue el conocido poeta e historiador Don José Frutos Baeza, que por encargo de los Exploradores de España realizó una serie de hojas instructivas de las diversas poblaciones de la huerta de Murcia en la que los exploradores tenían sede. Así en la Hoja nº 7 dedicada a El Palmar describe el nivel de pobreza que se llegó a alcanzar en este siglo XIX.

Así lo expresaba:

…La importancia de este poblado decayó de tal modo que hasta hace unos 40 años (hacia 1875), era uno de los lugares más míseros de la huerta. La mayor parte de sus vecinos eran pobres jornaleros de labores agrícolas; muchos vivían emigrados en las minas de Herrerías y Cartagena, y el resto lo formaban carreteros dedicados al transporte de material de carreteras y pasaban gran parte del año fuera del pueblo.

Calamidades

Este siglo XIX fue un siglo repleto de calamidades para nuestro pueblo. Riadas frecuentes y epidemias. A la ralentización de la demografía ayudaron las hambrunas muy frecuentes en la primera parte del siglo, además de las epidemias, debidas a enfermedades nunca vistas en España de las cuales la más mortal fue la de fiebre amarilla de 1811, proveniente de Cartagena, que produjo 349 defunciones en la parroquia de la Purísima, según cuenta Jesús Belmonte. Incluso falleció de esta enfermedad Don Antonio Anguiano, el primer párroco que tuvo esta parroquia. También destacó el cólera, por la corrupción de las aguas. Primero lo haría el cólera morbo asiático (1833) y ya en 1885 por última vez el cólera golpearía vez estas tierras, poco antes de aparecer la vacuna que lo erradicaría. Y es que el último tercio de siglo fue bastante movido con las riadas de Santa Teresa (1879) que devastó la huerta de Murcia y que en esta zona rompió el canal del Reguerón y destruyó su huerta. A los pocos días se produce la visita real de Alfonso XII que visitó El Palmar, contemplando desde una terraza la devastación de la huerta. Cinco años después y no recuperados del golpe vino otra gran avenida seguida del cólera citado de 1885, dejando a muchos niños huérfanos. En el pueblo cercano de Aljucer destacó el heroicismo del médico Don Ceferino Martínez Cárceles que dio su vida para salvar a innumerables aljucereños, acto que a día de hoy permanece olvidado, sin haber ninguna placa que lo recuerde. Dejando a un lado las calamidades nos adentramos en este siglo XIX desde el principio.

Comienzo del siglo XIX

Don Antonio Lucas Celdrán, Señor del Palmar, acababa de obtener el título de Marqués de Campillo (1797), la imagen actual de la Virgen del Rosario, esculpida por el gran discípulo de Francisco Salzillo, Don Roque López, se estrenó con el nuevo siglo (1799) y se acababa de crear de forma oficial la Parroquia de la Purísima, como Vicaría perpetua (1794).
El siglo comenzó con una «visita» real aunque fuera de paso. En 1802 pasaron el Rey Carlos IV con su real familia hacia Cartagena y el cronista de SS.MM. hizo una breve descripción de este pueblo, destacando una buena casa de campo (refiriéndose a la del Conde del Valle de San Juan, en su finca de Buenavista) y la subida al puerto de la Cadena con sus fuentes, el portazgo, dos ventorrillos y cuerpos de guardia. Esta finca luego pasaría al Marqués de Rozalejo.

En un censo de 1804 sobre la riqueza económica del Lugar de Don Juan, solo aparece el oficio de carretero, además de el de jornalero. Había tanta pobreza que los vecinos iban a recoger leña de cercana sierra para venderla en Murcia. De ahí nos viene el camino más largo de la pedanía, el camino de los leñadores. El Marqués de Campillo no debía ocuparse mucho de su pueblo y se centró en la producción sedera en su finca del Campillo, cerca de El Esparragal. Tanta fortuna hizo y riqueza dio al municipio de Murcia que le fue concedido el título de marqués, cumpliendo el sueño de su antepasado Don Juan de Verastegui de alcanzar un título de la nobleza.

Periodo de los Ayuntamientos y la Replaceta

Durante la ocupación francesa se proclamó la Constitución de Cádiz conocida popularmente como “la Pepa”. Por decreto dado en Cádiz en 1813, los pueblos con población superior a las 1000 almas tenían derecho a constituirse en Ayuntamiento propio, pero fueron suprimidos al año siguiente. En el caso de El Palmar y muchos otros de la huerta de Murcia muy posiblemente no llegaron a constituirse, ya que en los documentos de la época no se menciona.

Si fue el caso del siguiente periodo, desde 1820 y durante tres años. El primer alcalde del Ayuntamiento constitucional de El Palmar fue Don Juan Montoya (1820) a quién vino a sustituirle Don Blas Espinosa y a este le sustituyó Don Gabriel Luján.

El día de las elecciones, que por ley debía de celebrarse una vez al año (prácticamente igual que ahora), cada doce meses, ese día se tomaba como un día de fiesta y solían celebrarse el tercer ó cuarto domingo de diciembre, para que la nueva corporación debía tomar posesión el primero de enero. En las actas aparece como ‘fiesta de las elecciones’. Es probable que ubieran cuadrillas y lo típico de un domingo de navidad.

La casa consistorial estaba situada en lo que hoy es una plaza conocida por todos como la Replaceta, actual plaza Capitán García Gallego. Pero esta plaza era conocida por otro nombre en la época del Ayuntamiento. Se denominaba plazuela de Lucas, sin duda en honor al señor de El Palmar en aquellos años, Don Antonio Lucas Celdrán, Marqués del Campillo. Y es que al señor Marqués le gustaba ver rotulado su noble apellido Lucas. También tenía calle propia en Murcia, la calle Lucas, ahora denominada Calle Radio Murcia. Poco después de perder El Palmar su Ayuntamiento se proclamó el dogma de la Inmaculada y nuestra Replaceta, hasta ahora llamada plaza de Lucas pasó a denominarse como Plaza de la Concepción. Y así siguió hasta entrado el siglo XX, que con la llegada de la 2ª República pasó a ser plaza de la Constitución y desde 1940 hasta nuestros días con el nombre actual de Capitán García Gallego.

Pero volvamos hacia atrás hasta llegar al tercer y último periodo del Ayuntamiento constitucional, el de mayor duración, doce años. En el listado de alcaldes de nuevo aparecen conocidos apellidos típicos palmareños:

Don Ramón de Jódar (por tres veces), Antonio Ortiz Pinar, Joaquín Ortiz, Juan Manuel Espinosa, Francisco Sánchez Ortuño (que instaló la primera posada), Blas Espinosa, Francisco Almela y Antonio Jesús Bernal Bastida. E incluso hubo una revolución de por medio (1843) y a nivel nacional y por mandato del jefe superior de la provincia fue instalado en la alcaldía Don Francisco Almela. En septiembre de 1848 tuvo lugar la última reunión del Ayuntamiento de El Palmar, disolviéndose y agregándose al de Murcia. La causa del fracaso del Ayuntamiento fue el de Murcia quién se opuso, esgrimiendo toda clase de pretextos para no pagar una parte de los Propios a los nuevos municipios ni realizar el amojonamiento entre ellos. A causa de esto, la mayor parte viven una vida precaria y poco a poco la mayoría de los municipios recién creados en la huerta volvieron a adherirse a Murcia.

En ese momento la riqueza del pueblo estaba desigualmente repartida, estimándose en 435.000 reales de renta al año para los terratenientes y solo 75.000 para los vecinos. Los terrenos eran la mayoría propiedad de terratenientes, la marquesa de Espinardo con innumerables fincas y su esposo el conde de Sástago, también el marqués de Ordoño que tenía 11 fincas, Mariano Estor 5 y también destacaba la extensión de terrenos de Martín Almela.

Minería

Fue en esta época (1840), cuando estalla en toda la provincia de Murcia el boom de la minería. La fiebre minera se desató a raíz del descubrimiento del “Filón Jaroso” en la sierra almeriense de Almagrera (en 1838-1839). Los dueños eran propietarios locales que se repartían las acciones del pozo en cantidades pequeñas. Las extracciones iban a parar a fundiciones para separar los metales de la escoria. De esta parte de la sierra del Puerto, propiedad de Don José González Maldonado, futuro Conde de la Concepción, fue quien apostó en el negocio de la minería haciéndose enormemente rico. La mayoría de pozos mineros de esta sierra estaban compuestos de sulfuro de plomo también conocido como galera y en aquel momento llamado genéricamente alcohol (minas de alcohol).

De nuestro pueblo se registraron las primeras compañías mineras en abril de 1840. La Compañía de minas Don Francisco Collado y Consortes con su concesión «Purísima Concepción», una mina de alcohol en la Majada del Puerto, con un total de 24 socios con una cuota de 20 reales y repartidos en 24 acciones y la Compañía de minas de El Palmar con su concesión «San Antonio», una mina de alcohol en el paraje de Las Coquetas, con un total de 43 socios con una cuota de 40 reales repartidos en 43 acciones. Todas situadas en la jurisdicción de la villa de El Palmar. Como ven los primeros nombres de minas fueron bautizadas en honor de la patrona y de un santo en aquellos años muy popular.

El Conde de la Concepción y la Condesa de Torre Isabel

En este apartado hablaré de las fincas de la Pinada y Lo Mesa, que en tiempos estuvieron emparentadas entre ellas con las familias Mesa, Elgueta y Tizón. La supresión de los mayorazgos (1820) conllevó a la creación de más propiedades para los terratenientes y la obtención de más títulos nobiliarios. A la muerte de Antonio Lucas Celdrán, último Señor de este lugar y Marqués del Campillo heredó sus bienes su sobrina María Francisca de Asis, 10ª marquesa de Espinardo . También José María Melgarejo y Salafranca acaparó la fortuna del Condado del Valle de San Juan (1834).

De los grandes terratenientes de este territorio me centraré en la familia González-Maldonado. La finca de la Pinada pertenecía a Dª María de la Concepción Leis y Pacheco, esposa de José González-Maldonado. Su hijo, Don Cesáreo adquiere en 1857 el título de conde de la Concepción, al ser rehabilitado por venta, por no heredarlo la familia valenciana Llopis. Y a su vez el título de condesa lo hereda Doña Isabel de Pineda y González Maldonado, sobrina de Don Cesáreo, al no tener descendencia.

Los condes vivían en la finca de la Pinada, llamada también la Pinada de Tizón, en honor al regidor murciano que mucho tiempo atrás adquirió los terrenos. Los Tizón tenían una finca a la que le pusieron el nombre de La Pinada, por estar poblada de estos árboles que ya escaseaban en el siglo XVIII. El señor de la finca se preocupó por preservar los pocos pinos que quedaban en el entorno. Y así se siguió haciendo cuando la finca la heredó la condesa de la Concepción, Doña Isabel de Pineda y González Maldonado. Estaba casada con Don Manuel Pérez-Villamil, escritor y arqueólogo del Museo Nacional de Madrid, que siguió preservando el pequeño bosquete de pinos. Desde entonces se le conoció a la finca popularmente como la Pinada de Villamil.
Es muy interesante la correspondencia, que se conserva gracias al archivo de Pedro Díaz Cassou (1849-1870) del señor conde con sus administradores, en la que da instrucciones sobre sus fincas de la Pinada y de La Balsa, cuando viajaba por toda España en su coche tirado por caballos. Por cierto, que La Balsa, era la finca desde donde salía el auto de Reyes.

Para el pueblo lo más importante que hicieron los condes fue la donación de forma gratuíta ya empezado el siglo XX de los terrenos para el ensanche del cementerio de San Roque, que ya se había quedado pequeño. Los vecinos enormemente agradecidos con el señor conde propusieron al Ayuntamiento de Murcia dar el nombre de una calle en su honor, concediéndose en junio de 1905, que es la actual calle Condes de la Concepción. Los condes se llamaban Mariano de Pineda e Isabel González-Maldonado. Al morir Isabel de Pineda y González-Maldonado en 1927 quedó extinguido el condado de la Concepción, aunque durante décadas los terrenos siguieron perteneciendo a los Pérez-Villamil, hasta que los hermanos Fuertes finalmente la compraron en 1987. Recientemente (1993) volvió a ser rehabilitado el título de condado, por Fernando de Pineda y Peláez, descendiente directo de la familia de la que he hablado.

Otra casa reconocible a simple vista desde kilómetros es la casa de Torre Isabel, ó casa del ‘Tío Calavera’. La finca siempre se ha llamado de Lo Mesa, ya que la compró siglos atrás un regidor murciano de ese apellido. La actual casa se edificó al tiempo que se concedía el Condado de Torre Isabel (1876-1878) al murciano Don Lope Gisbert y Tornel, por sus labores diplomáticas, aunque lo estrenó su hija Isabel Gisbert López. El nombre del condado le viene por el nombre de su mujer Isabel López y Socias que era hermana del señor Conde de Roche. Don Lope Gisbert conoció a su futuro yerno don Horacio Moreu en el congreso de los diputados ya que eran diputados a cortes. Don Horacio era de Motril y se casó con Isabel Gisbert convirtiéndose también en conde de Torre Isabel. A los pocos años falleció el conde consorte, quedando Isabel Gisbert viuda y con 9 hijos. En prensa aparecen noticias de las temporadas que pasaba la viuda y sus hijas Isabel y Luz en su finca de El Palmar. La condesa falleció en Madrid en 1933 y la desgracia volvió a caer en la familia al estallar la guerra civil al ser asesinadas sus hijas. Actualmente Juan Alfonso Moreu ostenta el título de conde y la finca fue adquirida por los hermanos Fuertes.

Educación

En materia de educación, creo que el maestro José Jiménez está escribiendo un libro sobre ello que algún día verá la luz y solo diré que a mediados de este siglo XIX y por Real Decreto se
normalizaron las escuelas públicas siendo El Palmar con dos escuelas, pionera en la huerta. La de niños la dirigía D. Juan Espinosa y la de niñas Dª Paula Espinosa. José Gallego Bernal, fue el primer palmareño en inscribirse al Instituto Alfonso X(1863) y poco después (1869) el primero en ingresar en la Universidad, fuera de Murcia, llegando a ser conocido por maestro de obras, además de dirigente del partido carlista.

José Gallego Bernal intentó conseguir, sin éxito, la plaza de ayudante de arquitecto municipal, del que era director Don Pedro Cerdán. Siempre rivalizaron durante estos años. José Gallego destacó en la construcción de monumentos funerarios, que se hicieron en el cementerio (de N.P. Jesús) llegando a documentarse una veintena entre panteones y mausoleos (1888-1902) en el cementerio de N.P. Jesús, además de llevar a cabo varias obras importantes en su pueblo. Además otro palmareño destacó en los mismos menesteres, José Méndez, especializándose en la zona de Cartagena y La Unión.

Comercios y empresas

De todos los comercios no voy a poder hablar. Diré que en abril de 1841 el jefe político de la provincia concedió las tres primeras licencias de tabernas de las que se tiene noticia, todas a favor de Antonio Jesús Bernal Bastida (+1857). Otros taberneros de este siglo fueron Pedro Serrano Nortes, José Gallego Luján y José López Aráez. Tenderos durante este siglo, lo fueron Tomás López, José López, Pedro Espinosa, José Jiménez Martínez y José Jiménez Gil.

Varias personas de este pueblo ayudándose entre sus familias y también sus familias políticas, emprendieron la enorme tarea de levantar de forma definitiva este pueblo y llegaron a conseguirlo. La primera industria llegó en 1875, debida a Bartolomé Bernal Romero, quién fundó su famosa fábrica de cerámica, primero de forma modesta, instalando años después una pequeña prensa para obtener modernas tejas y ladrillos, renovando su fábrica en 1907 como horno continuo, sistema Hofman, pudiendo cocer al año doce millones de piezas. Bartolomé Gallego Luján era contratista de obras y alcalde pedáneo, hijo de otro emprendedor, Don José Gallego Marcos y cuñado del tío Juan Bernal. José Gallego Marcos fue primero estanquero y después creó una empresa constructora de carreteras, que luego heredaría la Casa Bernal, con el nombre de ‘Construcciones Bernal’ y finalmente como constructora Bernal Pareja, S.A.
A finales de este siglo XIX Bartolomé Bernal Romero y Bartolomé Gallego Luján eran los empresarios más importantes del pueblo llegando a financiar el primer casino, el Círculo de Instrucción, inaugurado en abril de 1893. De otras cuestiones importantes acontecidas en ese siglo hablaré a continuación:

La seda y la morera

En la década de 1850 llegó a Murcia la enfermedad denominada ‘pebrina’ que afectaba al gusano de seda tanto a adultos, mariposas y huevos por igual, provocando una catástrofe y una gran caída de precios tras la irrupción de la seda traída de oriente, que llegaba con rapidez a los mercados europeos por el recién abierto Canal de Suez. Solo se salvó la producción de hilo de hijuela, usada para suturar heridas y como hilo de pesca, siendo la región la que tuvo el monopolio de su fabricación hasta la aparición de las fibras sintéticas. El desuso del árbol de la morera dio lugar al comienzo de la actividad de la fábrica de sillas y palas de Antonio Estrada Martínez, que tras tres generaciones ha echado el cierre.

Seguridad y teléfono

Con el establecimiento en España de la Guardia Civil fueron decayendo las cuadrillas de bandoleros y la inseguridad del puerto de la Cadena. Tardó en establecerse un puesto de la benemérita que estaba situada en una casa de alquiler, del cual hay noticias por varias reparaciones que se realizaron hasta que en marzo de 1908 entró en funcionamiento la Casa-Cuartel de la Guardia Civil, situada en la plaza de la Iglesia.

El teléfono entró en nuestro pueblo funcionamiento en enero de 1889, aunque la línea comercial no llegó hasta 1905, siendo el abonado número 1 Don Juan Bernal González.

Personas

En esta conferencia no me he extendido mucho sobre los Bernales, la familia Bernal Gallego, que tanto hizo por este pueblo, ya que más bien pertenece hacerlo al siglo XX. Si diré que he investigado en sus árboles genealógicos, siendo su origen humilde, apareciendo desde siglo XVIII como de oficio carreteros.

Otros populares palmareños nacidos en este pueblo o fuera de él en este siglo fueron Don Vicente Pareja y Fernández de Alarcón (1831), Manuel Pérez Villamil y García (1849), José María Aroca Rodríguez, médico (1854), Pelagio Ferrer y Rigo, maestro (1865), Manuel Almela Ortiz, médico (1869), Juan Antonio López Montoya, ‘el Palacio’, Miguel López Balsalobre, el ‘Tío Calavera’ (1879), Francisco Velasco Martínez ‘Paco el Rojo’ (1886), los hermanos Bernal Gallego, Mariano Ortiz Ortiz, comerciante y concejal (1876), Sotero González Lerma (1875), Emilio Illán Jiménez (1878), Juan Antonio Bernal Bernal ‘el Cura de los enfermos’ (1887), Don Miguel Hellín Navarro (1890) y el Beato Fortunato Arias Sánchez (1891).

Finalización – Teatro

Y voy terminando. Y lo hago refiriéndome a este precioso teatro Bernal, construido gracias a Don Manuel Bernal Gallego, constructor de profesión, pero sobre todo a la afición de este pueblo al teatro, bastante antigua y demostrada con la antigüedad del desaparecido auto de reyes.

En el Diario de Murcia de 1886 aparecen referencias de una compañía de teatro formada por jóvenes palmareños que al no tener sitio en su pueblo se iban a actuar al teatro de Aljucer. La compañía estaba dirigida por Bartolomé Bernal, consumado artista (no es el que nos pensamos que tendría 4 años, si no el futuro comerciante Bartolomé Bernal Romero, creador de fábrica de cerámica). Junto a otros reputados actores palmareños, ponían en escena obras como «El Soldado de San Marcial». Estos actores eran Juan Guillen, Manuel Almela, Antonio Martínez, Mariano Gallego, además de las señoritas Juliana y Peligros Espinosa y Concepción Gallego. Toda esta afición llevó a constituir una sociedad en 1897, el Círculo Teatro del Palmar, claro antecedente de este nuestro teatro Bernal. Siguieron apareciendo actores pioneros como los hermanos Bartolomé y Manuel Bernal Gallego, Ginés Gallego, José Navarro, José Jiménez…, que actuaban en el teatrillo instalado en casa del tío Diego el Barbero, según relata en su libro Francisco Jiménez. El trabajo de estas compañías y su constancia llevaría a lo que luego sería este, nuestro teatro y nuestra enseña.

Muchas gracias.

 

 

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